382 - Una operación para volver a empezar.

No sé muy bien qué es lo que ha hecho que este recuerdo se me haya atragantado tanto. Puede que una parte de mi quisiera escribirlo con el dolor incipiente después de la desaparición de las diversas drogas que tuve que consumir ayer. O tal vez haya sido la pereza de buscar veinte minutos para escribir con calma.


Ayer pasé por chapa y pintura, a eso de las nueve había dejado de lado mi ropa, y una bata de hospital con sugerentes transparencias dejaba al aire la pierna que debía ser intervenida. Un par de garabatos sobre un tobillo depilado indicaba a los cirujanos el lugar donde abrir y atornillar, y yo, bajo los efectos de la epidural y del analgésico, me quejaba por no poder ver la magia que iba a ocurrir.


Una hora más tarde y aún bajo los efectos de las drogas, trataba de entender qué es lo que había ocurrido. Una radiografía en un monitor a mi izquierda me dejaba ver el tornillo de cincuenta milímetros por cuatro y medio que tenía en el pie. Y la esperanza de poder volver a correr me hacía despertar.


Ahora escribo esto durante la tarde del día siguiente, con una pierna prácticamente inmovilizada y un constante dolor que me hace soñar con cortarme el pie. Supongo que este es el precio a pagar por volver a ser libre, y es que no puedo esperar a callejear por las murallas de mi pequeña ciudad báltica.


Tengo por delante unos meses muy difíciles, volver a estar en forma, olvidarme de esos kilos que se han unido a mí desde que acepté la cojera, y por supuesto, volver a jugar al fútbol, la única pasión a la que sería incapaz de renunciar. Una operación para volver a empezar, supongo que será divertido.


Martes 30 de agosto de 2022

Madrid, España

Recuerdo #382





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