381 - Emociones y café.

Hay semanas condenadas a ser un maremagno de emociones. Y aunque para algunos sea una bendición, desde hace algunos años tiendo a preferir los días tranquilos y sin excesos. Podría decir que cuando sea mayor me gustaría ser estoico, pero hasta entonces me toca sufrir esa multitud de ilusiones de la vida de un joven insensato.


Esta mañana me ha tocado acudir a mi preparación para la chapa y pintura a la que me someto mañana. Algo menos de hora y media para un electrocardiograma, unos análisis, un cuestionario de anestesia y una consulta. Un jaleo poco habitual en mis mañanas de lunes. Me he acabado perdiendo dos reuniones, y desde la distancia he tenido que ponerme a currar en el cuarto que tantas veces me ha visto apurar entregas y alguna due diligence.


A medio día, con la jornada laboral algo más encaminada, mi querida Blanca, abogada que sigue el camino del éxito, ha tenido la buena idea de liarme para un café. Ahora trabaja delante de casa de mis padres, y es algo que creo que ha hecho a propósito, aprovechar que me he ido a más de tres mil kilómetros para empezar a trabajar a quince metros de donde vivía.


Echaba de menos a Blanca, y eso que no me ha pillado en mi mejor momento. El deber del trabajo báltico ocupa mi cabeza, tampoco ayuda que el Atleti se juegue todo contra el Valencia y a menos de veinte horas de la primera operación de mi vida, no podía evitar pensar en que puede que vuelva a correr y ser libre.


Creo que me tomaré algún café con ella antes de volver a irme, espero poder darle una copia del primer volumen de recuerdos, y espero, una vez tenga el pie en su sitio, poder disfrutar una vez más de la tranquilidad a la que me ha acostumbrado Blanca en estos últimos seis años.


Lunes 29 de agosto de 2022

Madrid, España

Recuerdo #381




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