380 - Aperitivo, cena y golf.

Se me ocurren pocas cosas más mediterráneas que tomar a eso de las doce en una terraza al sol una gilda y un zumo de tomate con una amiga muy guapa. A ese pequeño aperitivo, se me ocurriría añadir las quejas típicas del calor castizo que asola a la capital. Añadiría también, los desamores de un verano en el norte peninsular y el recuerdo de algún que otro posible romance a orillas del mar, y del que por supuesto el que escribe esto ya ni se acuerda.


Los amores de verano, además de intensos y breves, se caracterizan por perdurar varios años en la memoria, y por mucho que uno quiera olvidarse de aquellos “y si”, como bien me decía Pati ayer, no merece la pena.

Quedé con Pati a hablar de la vida, de sus últimas aventuras y los retos laborales que tiene por delante, y antes de irnos cada uno a nuestra casa, ya teníamos deberes para en no mucho tiempo, intentar responder al otro las incógnitas del aperitivo.


Una vez en casa, y con la promesa de una gema carrera de F1, tonteé con la siesta en una tarde que prometía menos de lo que acabó siendo. A eso de las siete y media volvía a casa de mis amigos los gemelos, y en poco más de dos horas, éramos seis los que con el golf de fondo cenábamos unas hamburguesas que recordaba mejores.


Entre amagos de Rory y errores de Scheffler nos reíamos de nuestras respectivas solterías. Que si uno no ligaba, que si otro lo hacía demasiado, y entre quejas y gracias, alguno seguía empeñado en apurar un verano que ya ha llegado a su fin.


Volví a casa como hacía tiempo que no lo hacía, con mi pequeña Vespa recién salida de Tabasco (el mejor taller de Madrid) surcando el asfalto de Serrano con una suavidad única, y alguna mirada a un cuentakilómetros que podría dejarme sin carnet.


Domingo 28 de agosto de 2022

Madrid, España

Recuerdo #380



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