376 -  Otro libro publicado.

No sé muy bien si puedo considerar como extraordinarios mis logros de veinteañero. Creo que hay determinados hitos de los que podría sentirme orgulloso, y lo paradójico de ello, es que todos ocurrieron cuando cumplir objetivos era algo anómalo en mi vida.


Este recuerdo puede acabar siendo tremendamente soberbio, ¿pero acaso no es la soberbia la sinceridad más absoluta? Y una vez más quiero insistir en que estos recuerdos no son más que las ideas sinceras del día a día de un joven que tiene mucho que recordar.

Mi soberbia, o mejor dicho, mi capacidad para reconocer la trascendencia de mis virtudes, nace de mi voluntad de vivir sin ataduras, y no hay mayores ataduras que la falsa modestia y la falta de sinceridad.


Después de ese pequeño razonamiento considero que puedo concretar la idea que me acompaña. Creo que en estos últimos años he logrado normalizar lo extraordinario, y lo que para el Carlos de doce años habría sido un logro vital, para mí es intrascendente.


Hoy he terminado de editar mi cuarto libro, el que será mi primer libro de prosa, compuesto por una amalgama de recuerdos en algo menos de setecientas páginas. Creo que habré dedicado unas quinientas horas en el último año, y aún así, con el libro pendiente de oficial publicación, no he sentido ningún tipo de satisfacción.


Y esto no quiere decir que no me haga ilusión o que desprecie mi trabajo, es más bien una monótona sensación que se basa en haber asumido que en mi vida hay cosas tan fácilmente alcanzables que no puedo considerar excepcionales o que sean dignas de ser alabadas.


Creo que en otra vida debí de ser un discípulo del camino Zen de Allan Watts, porque cada día que escribo, normalizo lo extraordinario de mi vida.


Miércoles 24 de agosto de 2022

Tallin, Estonia

Recuerdo #376



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