366 - Hasta luego Helsinki.

He logrado hacerme un hueco en la cubierta de proa del ferri que me lleva a Tallin. He conquistado una pequeña esquina desde la que puedo mirar, sin miedo, a babor y a estribor, y no preocuparme por bocanadas de aire que me pueden hacer perder mi gorra. Ahora son las siete y media, el ferri ha salido con diez minutos de antelación, y espero llegar a mi refugio estonio no mas tarde de las nueva y media. Si no me falla la memoria parece ser que voy a poder ver el atardecer en un barco en el báltico, aunque ahora no recuerdo cuando se pone el sol, y tampoco quiero buscarlo.


Ayer sábado cenamos en un pequeño recoveco finlandés que acabó ofreciendo más de lo que prometía. Y aún después de una noche de vino y cerveza esta mañana mi hermano y yo nos hemos levantado relativamente pronto. A eso de las once ya estábamos en un ferri rumbo Suomenlinna, una isla fortificada que reúne a los cientos de turistas que como nosotros buscan estímulos en Helsinki.


La isla, además de estar llena de escondites y recovecos amurallados, tiene cierta belleza natural. Un par de frías calas bálticas intentan seducir al turista, y los autóctonos se encargan de demostrar que el agua no está tan fría. Me habría gustado bañarme en esas pequeñas playas, pero mi hermano no estaba muy por la labor de verme nadando como Dios me trajo al mundo.


Después de pasear, jugar a ser espeólogos en las grutas isleñas y de una gran cerveza en el puerto, poníamos rumbo a Helsinki. Una vez ahí, nos ha vuelto a sorprender la falta de comercios abiertos en domingo, y esa falta de ingresos dominicales supongo que será compensada con el litro de cerveza a treinta pavos.


Es más que probable que me deje fuera cientos de detalles que merezcan la pena ser recordados. Pero un gran problema del formato del recuerdo es el dichoso límite que Instagram tiene en cada publicación. Es cierto que me ayuda a sintetizar y tratar con más mimo cada párrafo, pero ahora, con el sol detrás de mi y Milky Chance de fondo, espero que este último párrafo, al igual que mi domingo de hoy, sea suficiente para no tener que volver a visitar mi primera experiencia finlandesa.


Domingo 14 de agosto de 2022

Helsinki, Finlandia

Recuerdo #366



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