358 - Matices en Cura.

No sé si me cansaré de subir a Cura, puede que algún día encuentre un lugar en el que sienta tanta paz, pero como todo lo futurible de esta vida, hasta que no llegue ese día no lo sabré. Y es que Cura tiene cientos de razones para peregrinar, matices que decoran cada lugar de la cima y que en función de la estación y de la hora, juegan a ser distintos.


Una variedad que me tranquiliza y hace feliz.

Últimamente, tal vez las ultimas diez veces que he subido, he sentido cierto nerviosismo cada vez que dejaba el monasterio atrás. Pocas cosas me incomodan más que no saber cuándo volveré, y ayer, a dos días de mi vuelta a Tallin, no sé cuándo volveré. Puede que regrese en octubre, o tal vez hasta mayo no vuelva, y hasta entonces, estaré nervioso.


Sé que Cura no va a desaparecer, pero me da miedo perderme cómo evoluciona. Hace unos meses debieron cortar todas las chumberas, y esas vistas tan coloridas de Cabrera no han vuelto ni volverán a ser las mismas. Siento cierta tristeza al ver como matices que tanto me gustaban se desvanecen, pero no todo es tristeza, y es que hay otros tantos que aparecen sin saber que los necesitaba.


Ayer subí algo antes del atardecer, paseé entre murallas y ovejas, asomándome por si estuviera Rafa, incluso tuve la oportunidad de recomendar el cabrito balear a una familia primeriza en la cima mallorquina.


No debí estar más de dos horas observando al bahía de Palma y la de Alcudia. Alterné miradores y me senté a recordar. Hace un año estaba sentado con Jorge, Blanca la mallorquina que juega a ser sueca y varias argentinas. A los pocos días volví a subir, esta vez en moto con Blanca, la que juega a ser abogada, y poniendo en perspectiva mis ultimas diez peregrinaciones, solo puedo sonreír por todos los nuevos matices que no me caben en este recuerdo.


Sábado 6 de agosto de 2022

Mallorca

Recuerdos con contexto 358




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