345 - No creía saber escribir.

Muy de vez en cuando alguna persona de las que me lee decide escribirme un mensaje con alguna observación sobre algún recuerdo de los que he escrito. En esas raras ocasiones hay quien cree que escribo bien, y aunque la modestia no sea una de mis cualidades, considero buenos menos de una docena de mis casi mil textos.


Es cierto que esa idea de calidad al escribir es tremendamente subjetiva. Pero más cierto es que hay diversos aspectos a tener en cuenta. Entre ellos están los aspectos gramaticales y sintácticos, que en mi caso son inexistentes. También hay que atender a la delicadeza del texto y el cuidado del léxico. Por último, el más importante de los aspectos, la forma en la que se transmiten las ideas, y aquí es donde suelo dudar de mí mismo, hasta hoy.


Llevo algo más de dos horas releyendo mis recuerdos de este último año. El de hoy marca la cuenta atrás, y con sólo veinte por escribir no puedo más que pensar en todo lo que supone. Terminar este primer tomo de mis recuerdos supone ensalzar eternamente mi juventud que ya no va desaparecer en la niebla de mi memoria.


Siempre he dudado de mi forma de transmitir ideas. Sí que creo que escribo con delicadeza y mimo, nunca he dudado de ello. Pero de nada sirve hacerlo si uno no sabe transmitir. Uno puede escribir un texto dulce y cuidado que no transmite nada. Y hoy, por primera vez en este último año, releyendo mis recuerdos, he sentido que transmito mucho mejor de lo que pensaba.


He logrado acordarme de cada detalle, me acuerdo  de los gestos en cada conversación, de las alegres y las no tan alegres. Y ni si quiera la ausencia de detalles propiciada por la limitada extensión maxima de texto de Instagram logran que me olvide de todo lo vivido.


Yo creía que no sabía escribir, y a mis veinticuatro años estoy orgulloso de esos pequeños sutiles detalles que acompañan estos recuerdos.


Domingo 24 de julio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 345



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