343 - La calma antes de la tormenta.

Otro domingo en el que me siento a escribir el recuerdo del viernes. Y esta vez no ha sido por pereza o falta de tiempo, ha sido premeditado. Por primera vez en esta colección de recuerdos he querido dejar reposar varias ideas. Olvidarme por un día de la inmediatez y tratar de compartir la idea macerada y reposada.


Ha sido una semana algo inusual. La incertidumbre ha gobernado cada día, y no fue hasta el viernes cuando todo se calmó un poco. Una calma que me produjo un inmenso alivio, pero sabía que algo no terminaba de encajar.


Muchas veces me pasa que tiendo a desconfiar de la repentina calma. Tal vez sea por lo muy acostumbrado que estoy a que en mi querida Mallorca el viento cese, el mar se calme, para un par de horas después sufrir una tormenta mediterránea. Es algo habitual, cuando todo está tranquilo, algo de tempestad acecha.


Aplicando esa idea a mi vida laboral, siento que la calma del viernes no es más que el tenue aviso a estas semanas que tengo por delante. Una advertencia para que a posteriori no pueda quejarme de no haber sabido leer los indicios. Y por eso quería reposar el recuerdo, para dilucidar sobre la posible tormenta que puede venir.


Y una vez más, nada de eso malo. Es ley de vida, como con las grandes expediciones marítimas que siempre han sufrido un percance meteorológico. Tal vez yo tenga poco que ver con Bartolomé Díaz, quien dobló por primera vez el Cabo de Buena Esperanza en 1488. Puede que sea más similar a Enrique el Navegante, quien inició el proyecto en 1410, y que culminó con Bartolomé. En cualquier caso, lo que si que puedo decir es que el primer amago de tormenta apareció en forma de chupito de tequila y absenta.


Viernes 22 de julio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 343



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