342 - Celebremos la incertidumbre.

Ayer se me hizo bola sentarme a escribir el recuerdo. Tenía mucho por hacer, y entre las interminables tareas laborales que tengo por delante y mis tareas del hogar, no pude hacer otra cosa que no fuera olvidarme del recuerdo.

Siendo sinceros, fue una mezcla entre pereza y falta de tiempo. Una justificación algo ridícula y absurda teniendo en cuenta que a las seis estaba en casa. Pero no por ello menos cierta. Me entretuve ordenando y limpiando, y después de varias horas de aburridos quehaceres acabé jugando una docena de partidas de ajedrez.


A lo largo de esta semana he hecho hincapié en la incertidumbre que rodea a mis próximos ocho meses. Y después de varias conversaciones me doy cuenta que parece ser que hay una connotación negativa entorno a las dudas que acompañan a mis textos.


Tal vez sea por mi religión cholista, pero para mí no hay nada mejor que desconocer lo que pueda pasar. Y esa fue otra de las razones que me llevó a dejar mi trabajo madrileño. Allá por marzo era consciente del panorama que tenía por delante. Sabía cuando y cómo iba a ascender, y ese camino escrito y predeterminado me incomodaba. Por eso insisto en que la incertidumbre de mis textos no es más que un elemento celebrado y conscientemente buscado.


Es cierto que la incertidumbre muchas veces puede jugarte malas pasadas, y en momentos en los que uno tiene tanto en juego es necesario alguien que guíe y ayude a enderezar el rumbo. Y por eso ayer me senté con mi jefe para transmitirle mis dudas, mis ideas y lo mucho que valoro esa incertidumbre ahora mismo.


Los estonios son bastante pragmáticos y directos, comparten esa idea del partido a partido, aun sin haberles evangelizado con la palabra de Diego Pablo. No os preocupéis, que estoy en buenas manos, y por mucha incertidumbre que haya, yo soy feliz.


Jueves 21 de julio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 342






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