337 - Tareas del hogar.

Vivir solo es un proceso que requiere cierta paciencia. Hay que acostumbrar al cuerpo a entender los tiempos y deberes del mantenimiento de una casa. Hay veces en las que uno quiere dormir, pero tareas tan simples como una lavadora o limpiar el salón hacen a uno posponer los planes de descanso.


También considero necesario para vivir solo el haber aprendido a llevarse bien con uno mismo. Estar cómodo con el silencio y entender (y sobre todo respetar) lo que se piensa en los momentos solitarios. Tal vez yo ya hice en Madrid gran parte del trabajo, pero me sigue sorprendiendo sentarme a solas y darme cuenta de lo bien que me llevo con el Carlos de mi interior, aunque otras muchas veces me parezca un tío algo bobo.


Hay días como hoy en los que me gustaría poder hablar con esa voz de mi interior que controla mi deber de la responsabilidad. Ese pequeño cabrón que no me ha dejado dormir una siesta y me ha obligado a ir a hacer la compra. Esa voz se ha encargado de recordar que mi mesa necesitaba un mantel, y mi suelo uno de esos cacharros que parecen el hijo de una fregona y una mopa y que limpia de maravilla.


Bromas aparte, creo que tal vez esté madurando, puede que sea ese el motivo por el que empiezo a encontrar placer en guardar los calcetines o colocar la compra en la nevera. Aunque también es verdad que el motivo da igual, lo único importante es ser consciente de esas ideas no tan sensatas.


Hoy ha sido un sábado de tareas del hogar, de pequeños quehaceres que han hecho de mi día un sábado profundamente gratificante. Y ni si quiera mis grandes paridades de ajedrez de hoy logran ensombrecer al placer de una casa limpia y ordenada.


Sábado 16 de julio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 337



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