335 - En la bahía de Parnü.

Son las ocho de la tarde en Tallin y por fin encuentro la claridad necesaria para disfrutar del proceso de recordar y escribir. Este recuerdo lo he intentando escribir en tres momentos muy distintos. A las doce y media en el autobús que me llevaba de vuelta a Tallin, a las tres después de mi hamburguesa favorita y a eso de las seis antes de caer profundamente dormido en mi sofá arropado por la cada vez más invernal brisa.


Para poder entender porqué acabé ayer en una sauna con mis jefes a las tres de la mañana con chupitos de tequila es necesario entender la tradición Estonia de los “días de verano”. En la gran mayoría de las compañías dedican un jueves y un viernes en verano a ir a una casa en el campo con el el único objetivo de beber y celebrar el verano.


Más allá de lo que supone el huir de Tallin por primera vez, quiero recordar con especial cariño esa constante sensación de acogida y hasta cierta admiración de muchos de los que me rodean en el trabajo. No terminan de entender porqué alguien abandonaría Madrid, y por muchas razones que pueda tener al final siempre se resume en la misma, huir de la comodidad.


Tal vez cuando me imaginaba huyendo de la comodidad no pensaba que fuera a ser concretada con una resaca que me ha hecho reunirme esta mañana en el jardín con otros tantos que como yo cuestionaban sus decisiones nocturnas.


A medida que escribo este recuerdo intento volver a sentir ese escalofrío que me recorrió ayer cuando, tumbado en un kayak en medio de la bahía me acordé de lo mucho que voy a agradecer el día de mañana mis ultimas decisiones. Aunque por el camino tenga que pensar en otras tantas algo peores, como dejarme seducir una vez más por los amarettos sour a las dos de la mañana.


Jueves 14 de julio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 335




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