333 - Motivos y horarios.

Ayer salí a las cinco de trabajar, fui al mercado a por fresas y arándanos frescos y entre los puestos de Keskturg sonreí por la suerte de mi vida tallinesa, porque ese placer de pasear por la tarde sería imposible en Madrid.


Llevo algo más de un mes trabajando con horario báltico. Entro a las nueve, como rápidamente a las doce y no me vuelvo a levantar hasta las cinco o seis. Mi productividad se ha visto incrementada, salgo de trabajar feliz y me puedo permitir el lujo de desconectar. Lujo que debería ser un derecho en Madrid, pero que resulta imposible cuando uno recibe correos a las once de la noche.


Y es que la vida laboral española es una pescadilla que se muerde la cola. Uno llega a trabajar cansado porque el día anterior cerró el ordenador tarde, y como está cansado no es eficiente, lo que hace a uno acabar cerrando el ordenador tarde.


Ese círculo vicioso se agrava con cada año que uno pasa en la rueda, y lo que debería ser una excepción se convierte en norma, y cuando te das cuenta llevas cinco años de tu vida creyendo que ir al Retiro un miércoles es un lujo inalcanzable.


Tal vez por lo anterior tanta gente viva con añoranza a sus años universitarios como el último resquicio de libertad. Aunque esto sea objeto de un debate más profundo la idea de este recuerdo es recalcar mis casi tres horas de llamada con Wass donde la vida laboral madrileña ha sido el centro de todo.


Yo no sé muy bien qué hacemos mal en España para no disfrutar en nuestro día a día, pero si sé lo que hacen bien en Estonia. Cada día que pasa es un motivo más para no aceptar el horario español, cada día que pasa es un motivo más para una llamada de tres horas y un paseo por el mercado, y cada día que pasa más lejos veo mi vuelta a España.


Martes 12 de julio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 333




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