323 - Paseos incómodos.

Estoy cogiendo mucho cariño a ciertas calles de Tallín. Recorro prácticamente las mismas rutas, callejeando entre las atentas miradas de los mismos perros y los mismos pájaros. No termino de entender ese gusto desmedido por ciertos adoquines, y ni si quiera las fotos de mi móvil logran ayudarme a encontrar un patrón.


Más allá de los pequeños grandes detalles que me hacen obsesionarme con una ruta de paseo determinada, creo que hay un exceso de comodidad del que tan solo ahora logro darme cuenta. Me genera cierto rechazo aceptar que he encontrado cierta comodidad en las calles estonias, y es que una de las muchas razones por las que dejé Madrid fue esa constante comodidad de mi vida castiza.


Los sábados me gusta pasear sin ninguna obligación o responsabilidad en mente. Por la mañana suelo aprovechar que tengo debajo de casa Paper Mill Cafe, uno de los mejores cafés tallineses del que sorprendentemente solo he probado el cold brew. Después de cierto abuso de cafeína decidí disfrutar de uno de los mis mayores placeres de la vida independiente, cocinar en soledad.


Con Calamaro de fondo y tres cuartos de hora después lograba disfrutar de la tranquilidad de mi salón y unos espaguetis al pesto dignos de una entrada de blog culinario. Un tonteo excesivamente tonto con llamadas pendientes y textos inacabados mw hizo considerar sensato dejar todo sin recoger y salir a merodear las murallas de la ciudad antigua.

Siempre que he rodeado las murallas he optado por un camino concreto, y esta vez decidí bordear la zona del castillo de Toompea.


Acabé zigzagueando por senderos poco amables para mi pie, y con cierta cojera y algo de dolor logré recuperar cierta incomodidad, razón por la que es mi paseo favorito hasta la fecha.


Sábado 2 de julio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 323




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