322 - No sé muy bien que hago.

Una de las muchas razones por las que soy algo pesimista con la actual situación laboral de España es la falta de creatividad que desde mi inexperiencia logro observar. Vivimos por y para las soluciones de los “expertos”, y creemos que las voces de autoridad son la respuesta a todos nuestros problemas, y me atrevo a decir que no es así.


Creo que lo anterior es causa y consecuencia de nuestro sistema educativo, una pescadilla que se muerde la cola, o un ouróboros para aquellos que se encuentren cómodos con la mitología clásica. El niño no puede escribir u opinar sin tener una opinión formada, y en esa formación de la conciencia es donde muere la creatividad.


Tal vez por eso decidí empezar a escribir sin saber muy bien que hacía, y puede que también sea la razón por la que desde Estonia me adentro en una aventura laboral para la que estoy infracualificado. Tal vez nada de esto sea cierto, pero desde mi limitada visión me atrevo a decir que hasta que uno no es un “experto” su opinión no vale nada.


Esto lo escribo en un domingo soleado, sentado con un café después de haber comido. Sintiéndome culpable por no haber captado la espontaneidad que recorrió mi cabeza después de aquella reunión. Y es que el viernes tuve una reunión que marca mis siguientes ocho semanas, y a mi jefe le da igual que no sea un experto. Parece ser que le interesa la solución que yo como inexperto pueda aportar, algo que sería impensable en España.


No sé muy bien que es lo que tengo que hacer, mucho menos el cómo lograrlo. Lo único que tengo claro es que después de aquella reunión puedo reafirmarme en lo triste que supone haber convertido un país de creativos y artistas como España en un paradero de referencias y argumentos de autoridad.


Viernes 1 de julio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 322




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