321 - El café en la terraza.

Echo de menos mis cafés improvisados en las calles madrileñas. Esos maravillosos recovecos de Chamartín y Chamberí han rellenado decenas de páginas de este conjunto de recuerdos, y ahora a tres mil kilómetros de casa no consigo encontrar una terraza que esté a la altura.


Tallin es una ciudad maravillosa, llena de recovecos y pasadizos secretos, pero entre tanta piedra y edificios medievales no hay sitio para una buena terraza. Es cierto que no hay cultura de mesa al sol, apenas tienen luz solar durante el año, y las terrazas a menos treinta no creo que sean muy agradables. Pero nada de eso justifica que en pleno verano no sean capaces de montar un par de mesas.


No creo que me de tiempo a incluir en este primer tomo de recuerdos una terraza en la que pueda leer, pedir una cerveza y disfrutar de un buen café. Y es que Mayflower me tenia muy mal acostumbrado, y ni si quiera la terraza de mi oficina logra sustituirla.


Y esta vez me quejo de una forma injustificada, porque aunque en Tallin no haya buenas terrazas, en mi oficina si. A escasos metros de mi mesa tengo una terraza inmensa. Una explanada de cientos de metros en la novena planta de uno de los edificios más bonitos de la calle Rävala. Custodiando la entrada hay una nevera llena de cervezas y una máquina de café, pero mientras escribo esto no puedo evitar acordarme de ese recoveco de Rodríguez Marín.


Echo de menos el café en la terraza de Mayflower, y hasta que vuelva, tengo que valorar el de la calle Rävala.


Jueves 30 de junio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 321




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