319 - Nos volveremos a ver.

Ayer tocaba mi querido Salmón en Madrid, concierto para el que compré entradas hace más de tres años, pero claro, uno no espera vivir una pandemia, varios aplazamientos y una huida al Báltico. Cualquier persona que haya leído alguna página de este conjunto de recuerdos sabe lo mucho que me dolió perderme el concierto de ayer. Y es que Calamaro es único, y gracias a él muchas amistades cobran sentido.


Son las nueve, y no es por hacer referencia a su canción, sino que realmente el reloj marca esa hora, y sentado en mi oficina con cierta nostalgia y un solo doble con hielo observo en la distancia las murallas de Tallin. Me pregunto lo plausible que habría sido vaciar mi cuenta bancaria y acudir en un avión de última hora a la cita con Calamaro. Aunque siendo sinceros el consuelo de saber que mis amigos disfrutaron por mí es suficiente.


Más allá de mi nostalgia y melancólica tarde ayer fue muy divertido. Resulta que tengo una vecina bastante guapa, y no vi mejor opción que invitarla a mi jardín para reírnos cada uno de nuestras respectivas culturas con un par de cervezas. Las horas se hicieron cortas, y fue solo cuando fuimos a por más cerveza cuando recuperamos la noción del tiempo que habíamos perdido. En Tallin no anochece, y lo mismo da que sean las diez o las dos, que el sol sigue ahí, como mi nostalgia por Calamaro.


No sé muy bien cuando volveré a Calamaro, tampoco cuando volveré a coincidir con mi vecina, y esta vez sí que hablo con una letra del Salmón en mente, y con cierta confianza y certeza: “Nos volveremos a ver. Porque siempre hay un regreso”


Martes 28 de junio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 319



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