314 - Flores, cocina y una llamada larga.

Son las tres de la tarde del viernes, estoy medio dormido con música de Rainbow Kitten Surprise de fondo. El sol entra por mi ventana y me recuerda sutilmente que tengo que escribir el recuerdo de ayer.


Ayer fue un día de lo más completo, podría hablar de decenas de matices, pero poco ayudaría a que en diez o veinte años me acuerde al releer este texto de lo realmente memorable. Más allá de mi nefasto examen de acceso a la abogacía que me tocará repetir en algún momento, ayer fue el día en el que por fin puse flores a mi casa. Y es que una casa sin flores no es un hogar.


Tal vez mi día de ayer fuera similar a ese relato de Márquez que tantas veces he leído. Una más que similar crónica de una muerte anunciada, en la que a lo largo del día toda actividad iba encaminada a saber que iba a suspender. Y aún así, ayer fui tremendamente feliz, como Nasar en aquellos penúltimos días.


Volví a cocinar, pero no en el sentido de preparar comida, sino en el que es realmente entretenido y placentero. Cocinar en soledad, con música de fondo y sin prisa por comer, eso es el verdadero placer del que hacía meses no disfrutaba. Tal vez ese oasis de libertad que supone la cocina sin receta fuera el prolegómeno perfecto de una videollamada con mi amiga Rila.


De Rila ya he hablado alguna que otra vez en estos recuerdos, y en vísperas de su viaje en solitario por Israel, Líbano y Chipre, las conversaciones con ella son aún más interesantes. Entre anécdotas, ideas y cervezas la conversación se alargó hasta la madrugada, algo que me permitió recenar lo que sobró de mis exquisitos y cuidados tacos.


Jueves 23 de junio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 314



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