311 - Una queja llena de incertidumbre.

Son las siete y media de la tarde, acabo de salir de la ducha y me dispongo a intentar estudiar el examen que debería aprobar el jueves. Hace algo más de

dos horas que he salido de trabajar y poco menos de una desde que he salido del gimnasio. Y en una tarde con tanto tiempo libre me permito reflexionar en el sofá de mi casa.


Hoy hace tres semanas del inicio de mi aventura laboral estonia, y en estos quince días laborables tengo la sensación de llevar el doble. Hoy hemos establecido varios de mis objetivos para este tercer trimestre del dos mil veintidós. Si todo va bien allá por finales de septiembre mucho va a cambiar y el supuesto vértigo desaparece cuando recuerdo la importancia del partido a partido.


Dejando de lado lo laboral, que tampoco es tan importante, hoy me gustaría recordar lo mucho que voy a echar de menos estos días veraniegos. En cuatro días se celebra el solsticio de verano, que marca el inicio de la reducción de horas solares. Porque a diferencia de mi querido Mediterráneo el cambio aquí es muy abrupto, según me han contado.


Siento algo de nerviosismo por lo que voy a vivir en estos próximos seis meses. La incomodidad y dificultad que tanto ansiaba en Madrid se va a hacer realidad, y no sé si salir a las seis de la tarde del curro será suficiente para sobrevivir a un invierno con veinte horas sin luz.

También es verdad que escribo esto un poco por quejarme y evitar así pensar en que hace siete meses me lesioné. Tal vez logre operarme antes del invierno báltico y pueda correr aunque sea en el gimnasio que convenientemente tengo en mi oficina.

Lunes 20 de junio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 311



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