308 - Una fiesta y un mediterráneo.

Estoy sentado en una terraza de Rottermani, uno de los barrios modernos y molones de Tallin. Fue en estas calles donde nos hospedamos hace cuatro años en aquella Supercopa de Europa, y desde entonces mucho ha cambiado.


Las antiguas fábricas han desaparecido y ahora son tiendas hechas para un aspirante a blogger como yo. El ladrillo se alterna con el metal y la madera, y cada esquina está protegida por flores y plantas. Tal vez sea mi recoveco favorito fuera de las murallas, pero una vez más, eso es otra historia.


Por segunda semana consecutiva me encuentro escribiendo el recuerdo del viernes y del sábado en medio de un domingo. Es verdad que está más que justificado, pero no deja de ser algo que me molesta y me hace enfadarme con el Carlos de ayer que se pasó el día con resaca.

El viernes, es decir, antes de ayer, fue un día marcado por la expectante fiesta en la terraza de mi curro. Parece ser que había cierto runrún con disfrutar de un español en una azotea, porque según me fueron confesando casi todos, los españoles tenemos fama de alegrar y seducir en cada evento nocturno.


No sé muy bien si cumplí con las expectativas, pero el recuerdo borroso abrazado a mi jefe en un karaoke después de varias rondas de chupitos de Jagger me hacen pensar que el lunes vamos a tener mucho de lo que hablar, y esperemos que sea bueno.


Viernes 17 de junio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 308



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