304 - La felicidad del tiempo libre.

Son las diez de la noche en Tallin, acabo de salir de la ducha y suena de fondo Humo de Jarabe de Palo. Hace cinco horas que he salido de currar, me ha dado tiempo a ir a comprar un longboard, ir a casa a poner una lavadora, ir al gimnasio, ir a patinar y volver a escribir este recuerdo. Y con la sensación de una tarde productiva me pregunto qué hacemos mal en España.


Elegí una profesión de silla caliente en uno de los países menos productivos de Europa, y tal vez mi escueta visión de la vida laboral española no sea suficiente para quejarme, pero me da igual, porque para eso tengo este blog. Escribo para poder reírme en unos años de esta insensatas líneas.


España es uno de los países con más horas de sol y mejor clima del mundo. Somos un pueblo social por naturaleza que vive por y para las celebraciones mediterráneas y aún así nos empeñamos en vivir en una oficina en lugar de salir pronto y disfrutar de nuestros seres queridos.


Madrid es una ciudad maravillosa, y desde pequeños nos hacen creer que para poder vivir igual de bien que nuestros padres necesitamos interminables jornadas laborales. A mi me dijeron que trabajar mucho era dedicar muchas horas, y por lo que estoy viviendo, me atrevo a cuestionarlo.


Llevo algo más de una semana trabajando de nueve a seis a un ritmo increíblemente acelerado y productivo. Estonia me ha hecho entender que no necesito renunciar a mi vida personal para desarrollarme profesionalmente, y lo paradójico de mi vida báltica es que tengo más tiempo para mis seres queridos a tres mil kilómetros de casa.

Hoy he vuelto a ser aquel niño que patinaba después del colegio, a mis veinticuatro años he patinado a las siete de la tarde con el sol de fondo, algo que dudo mucho pudiera hacer en cualquier trabajo madrileño.


Lunes 13 de junio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 304





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