300 - Un reflejo de hace diez meses.

Ahora con algo de perspectiva me cuesta entender que haya sido capaz de aguantar tres años de entrenamiento estricto. Y digo estricto con algo de exageración y soberbia porque en estos más de ciento cincuenta semanas he entrenado al menos tres veces por semana.


Además de todas las horas que he dedicado a desahogarme con el deporte, he tenido una cierta obsesión con los datos de salud de mi teléfono y reloj. He optimizado cada ejercicio, cada temporada de recuperación y he prestado especial atención a mis pulsaciones. Y después de tanto tiempo me he cansado.


Tal vez el exceso de datos me haya hecho olvidar la razón por la que empecé a entrenar. No entreno para ser eficiente en cada ámbito de mi vida, sino para tener la oportunidad de serlo. O dicho de otra forma, entrenar te da la oportunidad de seguir vivo, de no ser un padre-sofá; en definitiva de ser joven el mayor tiempo posible. Aunque esto sea otro tema, quiero dejar en este recuerdo la frase que me hizo empezar a entrenar: “No dejamos de entrenar porque nos hagamos viejos; nos hacemos viejos porque dejamos de entrenar.”


Hoy después de cuarenta días de descanso físico, mental y alimenticio he vuelto a entrenar. Debajo de mi oficina hay un gimnasio de los de óxido y hierro, de los que me gustaban antes de caer en la trampa de los datos. Sienta muy bien volver a entrenar, y aunque sea un reflejo de lo que fui, en el día en el que este diario cumple diez meses, miro a mi yo de agosto y sonrío. Sé que una parte de aquel Carlos necesitaba huir del deporte complejo y volver a usar una kettlebell sin apuntar las repeticiones, y a más de tres mil kilómetros de donde empezó este diario lo ha conseguido.


Jueves 9 junio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 300







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