298 - Reflexiones de una semana en Tallin.

No sé si será bueno tener en el segundo día la sensación de llevar años en el mismo sitio. Parece que conozco a todo el mundo y que entiendo casi todos los tejemanejes del funcionamiento de Change. Tal vez el mundo de despacho no fuera para mi, creo que mi cambio a una startup es un absoluto acierto.

Puede que el acierto no sea el cambio de trabajo sino de ciudad. Puede que Tallin y el floreciente mundo tecnológico sea más acorde a mi ilusión por hacer cosas que la decadente economía española. No sé muy bien qué será de España en un par de años, pero en mi semana ajeno al ruido mediático peninsular uno se da cuenta de la disonancia con la realidad europea.


Tal vez España jamás estuviera hecha para compararse con Europa, puede que seamos un país sumamente complejo que no puede perder el tiempo en mirar fuera de sí. Si ese es el caso, asumámoslo y dejemos de querer ser lo que no somos.


Quejas y reflexiones aparte, me cuesta entender la loca mentalidad de felices años veinte que veo en Madrid. Aquí en Tallin nadie vive con esa loca fiebre de los años veinte. Ni si quiera lo hacen siendo un país en crecimiento, absolutamente digitalizado y con planes a largo plazo. Puede que la loca mentalidad española que tan feliz nos hace sea única forma de evadirnos de nuestra triste realidad política, al contrario de los estonios, quienes viven estoicamente, y no necesitan compensar con su propia alegria la falta de ilusión nacional.


Puede que también esté sumamente equivocado, espero que cuando relea esto en varios meses sepa la respuesta.

Martes 7 de junio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 298




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