293 - Tengo casa.

En mis escasas veinticuatro horas en Tallin puedo hablar con total seguridad de la eficiencia de los estonios. En menos de diez minutos he conseguido mi número de identidad estonio, con el que además de tener derecho a ciertos servicios públicos, no tengo necesidad de usar otro documento identificativo.


Más allá de lo anecdótico he de decir que aún trato de entender lo irreal de mi llegada. Ayer firmé mi contrato de alquiler, a eso de las once de la mañana, y me cuesta pensar que el sofá desde donde escribo esto vaya a ser mi acompañante durante al menos el próximo año.


Es cierto que a varios miles de kilómetros de casa uno puede caer en la trampa de criticar lo peninsular para así sentirse cómodo en el extranjero. Y aún a riesgo de convertir esto en una oda a la emigración, he de decir que algo hacemos mal en Madrid cuando resulta más sencillo cruzar Europa para así poder acceder a una casa y un trabajo que pague acorde a la formación que tenemos.


Quejas y odas aparte, siento cierta satisfacción pudiendo decir que tengo casa. Ayer pasé varias horas haciendo acopio de lo más esencial, y aún con la nevera llena y utensilios básicos sigo necesitando pequeños objetos que jamás habría pensado que eran tan esenciales, como por ejemplo, una goma para poder dejar secando los platos.

Tengo casa, y ya la estoy convirtiendo en un hogar, necesitaría alguna que otra anécdota entre paredes, y puede que unas flores, pero salvando pequeños detalles, la calle Jakobi será desde donde vea los partidos de mi querido Atleti, al menos durante el próximo año.

Jueves 2 de junio de 2022

Tallin

Recuerdos con contexto 293



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