291 - Pocas certezas.

Pocas certezas puede haber en la vida de un joven, y si las hay, algo falla. La juventud está para vivir lo improbable y disfrutar de todo aquello que uno no conoce. Este pequeño párrafo lo escribo sentado delante de la puerta de embarque que me llevará a Estonia, y con cierta resaca suspiro aliviado.

Tal vez mi transitoria calma sea fruto de haber vivido una de las mejores celebraciones que puede existir, una despedida. Porque seamos sinceros, no hay nada que haga a uno sentirse más querido y arropado antes de cualquier vivencia improbable que el calor de una hasta luego.

Mi despedida, ademas de ser el motivo por el que dejo Madrid tranquilo, debe ser el principal motivo de mi resaca. No creo que ayude mucho la docena de cervezas que debí beber en Gon Luis, y digo tal vez porque si mi cuenta bancaria no miente puede que fuera alguna cerveza más.

He de reconocer que escribir este recuerdo me está costando más de lo habitual. Puede que sea un cúmulo de cansancio, resaca y cabreo por perder ayer cien euros al black jack. Y es que mi yo de ayer le pareció sensato convencer a mi hermano y a Juan para acabar saliendo del casino a las tres de la mañana.


Me divierte pensar en lo improbable de todo lo que tengo por delante, y en cierto modo me alegra saber que de las pocas certezas que tengo es que dejo mis recovecos de Madrid en manos de todos los que ayer celebraron mi hasta luego.

Martes 31 de mayo de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 291




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