290 - Otro treinta de mayo.

Cada treinta de mayo acostumbro a celebrar mi cumpleaños y el día de San Fernando. Tal vez el final del mes de las flores no sea más que un mes de transición para los amantes de junio y julio. Puede que lleven algo de razón, porque mayo solo se puede disfrutar si uno vive al día y deja de vivir por y para el sobrevalorado verano.

Discusiones estacionales aparte, mayo es un mes de celebración y matices nuevos. Las flores han florecido, la brisa acompaña la bajada de temperaturas y las terrazas disfrutan de conversaciones y proposiciones indecentes. Tal vez mayo sea todo lo que agosto sueña ser, un mes lleno de ilusiones y ganas de conocer.

Mi cumpleaños no suele ser excesivamente alocado. Suelo defender que el cumpleaños es un mero trámite, y no en el sentido de arrebatarle de su carácter festivo, sino en que rara vez cambia o me hace sentir distinto. Y es que los cumpleaños suelen servir para valorar a todos aquellos que han estado presentes durante el último año, y al menos en mi caso, pocas cosas hay que me generen más desapego que la felicitación de ese amigo que lleva un año sin hacerte caso. Es muy fácil acordarse de un cumpleaños, los difícil es cuidar la amistad durante el resto del año.


Quejas aparte, he disfrutado de mi vigésimo cuarto cumpleaños. He hablado con las personas que me quieren, he comido y cenado, y en poco menos de veinticuatro horas estaré en Estonia, peleando por un piso que tiene varios pretendientes.


Lunes 30 de mayo de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 290



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