283 - Mi querido Jurucha.

Desde hace décadas un pequeño paraíso de toldo verde alegra la vida a todo aquel que pase por la calle de Ayala. Una ajetreada y casi nunca vacía terraza custodia la entrada al interior de la mejor barra de Madrid. Este pequeño oasis castizo y en peligro de extinción recibe el nombre de Jurucha, y en este recoveco he sido muy feliz.


Creo que no hay ni una sola persona en mi familia que no pasara sus tardes veinteañeras entre croquetas de huevo y cañas en la barra. Me acuerdo de mi tío Jorge, otro aventurero por parte de madre con quien tantas tardes de Atleti y cerves he pasado y con quien me cito en Jurucha cada vez que vuelve a España.


Jurucha también fue lugar de reuniones semanales los miércoles a medio día durante varios años de carrera. Tradición que continúe el año pasado con mis colegas del máster. Es cierto que Jurucha a veces puede ser desesperante, pero precisamente esa imposibilidad para reservar y las largas colas para instalarse en la terraza es lo que hacen a uno valorar la fragilidad del mejor bar de tapas de Madrid.


Hoy me he levantado tarde, mis breves vacaciones han comenzado de la mejor manera posible, un breve aperitivo con mi madre en la mejor barra de Madrid. En poco menos de dos semanas debería aterrizar en Tallin para comenzar mi nueva aventurar laboral, y entre orden y maletas pretendo, al igual que hoy, escaparme a por pinchos y tapas de querido Jurucha.


Lunes 23 de mayo de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 283


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