280 - Viernes primaverales.

Los viernes primaverales tienen una serie de matices por los que me gusta considerarlos los mejores inicios de fin de semana del año. Hasta hace no mucho primavera era esa época en la que uno tenía que ser algo responsable y tratar de rescatar su vergonzosa evaluación continua. Por ese motivo, los viernes de mayo (y junio) eran un oasis de tranquilidad entre las épocas de salir invernales y veraniegas.


Ahora eso ha cambiado, la gran mayoría de mis amigos son personas con trabajos de gente aburrida y responsable, tenemos libres los viernes de mayo, y claro, con un Madrid dormido uno se mimetiza.


Hoy ha sido mi primer día sin trabajar antes de mi exilio a Estonia. No eran ni las diez y ya había hecho todos los recados pendientes. Ni si quiera un par de siestas han logrado llenar mis horas del día, y claro, como había quedado a cenar con Alfi, he tenido que hacer tiempo celebrando el cumpleaños de la gallega de las zapas molonas.


Alfi cocina bien, y yo soy buen pinche, hacemos un buen equipo gastronómico, y tal vez por eso el arroz con cosas de hoy nos ha ayudado a valorar la tranquilidad de un viernes primaveral que a nuestros veinticuatro años disfrutamos como si fuera el último.

Normalmente el recuerdo hubiera acabado aquí, pero una propuesta de cerveza y callejeo de la diseñadora de moda favorita de tu diseñadora de moda favorita evitó que me fuera a dormir antes de las cinco.

Los viernes primaverales son tranquilos y dan lugar a la improvisación, aunque tal vez la tranquilidad sea un espejismo por la falta de responsabilidad estudiantil y realmente nos hayamos hecho mayores.

Viernes 20 de mayo de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 280





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