279 - Un vinilo, un libro, una libreta y un boli.

Hay algo peculiar en nuestra querida y peculiar forma mediterránea de vivir las despedidas. Somos especialmente sensibles en el recuerdo y aún más incisivos en lo que vendrá sin esa persona. Es curioso, o tal vez no lo sea, pero a mí me lo parece.


Creo que en mi vida he tenido pocas despedidas de verdad. Otra cosa muy distinta son aquellas que acaban siendo más bien un hasta luego. He vivido pocas situaciones en las que estuviera prácticamente seguro que no volvería a ver a la otra persona. Hoy ha sido una de ellas.


Si uno hace el esfuerzo de leer mis recuerdos de estos últimos meses podría deducir que mi cabeza andaba buscando un cambio. Ese cambio ha llegado en forma de billete de ida a Estonia, y ante la incertidumbre de la etapa que tengo por delante hoy me he despedido de mis ya ex compañeros de equipo.


Podría dedicarles varias páginas a todos y cada una de las grandísimas personas que me han aguantado en estos meses. Hasta hace no mucho me imaginaba compartiendo anécdotas y cafés con ellos durante varios años. Pero hay trenes que pasan una vez, y me toca subirme ahora.


No sé muy bien cómo he debido de engañarles para que además de todos estos meses de paciencia, hayan decidido obsequiarme con unos detalles que elevan a gloriosa mi relación con cada uno de ellos.


Los regalos en sí no es algo que celebrar. A mí no me emociona el objeto, sí que lo hace el razonamiento que hay detrás. Me han regalado un vinilo para que pueda seguir disfrutando de mis jornadas de música acompañadas por una libreta y un boli para documentar todas mis ideas. Y como saben que hablo más que escucho, una joya literaria sobre los gustos musicales de los grandes personajes de la historia.


Hoy me he despedido de ellos, pero en mi día a día los voy a tener muy presentes. Un vinilo, un libro, una libreta y un boli dan mucho juego, y más en este diario.


Jueves 19 de mayo de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 279




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