273 - He vuelto a beber.

A escasos veinte días de mi exilio a Estonia mis colegas han considerado buena idea sacarme de casa en una furgoneta, con suficiente comida para alimentar a varias familias y otro tanto vino para montar una boda.


El exceso en el comer y beber es algo muy español que funciona como el prolegómeno de un gran recuerdo. Y aunque me repita mucho, a mí lo que me gusta de mi vida castiza y mediterránea es la tertulia de una mesa con copas y anécdotas.


Mi padre generoso y amante del vino suele a mis amigos y a mí, obsequiarnos con botellas en nuestros planes lejos de la M-30. Y hoy, por primera vez en novecientos ochenta y seis días (sí, 986) de abstinencia voluntaria, he salivado cuando me ha dado la doble magnum de Ramón Bilbao. Nos han regalado tres litros de tinto para seis amigos, entre los que me incluyo, porque hoy he decidido volver a beber.


Quienes me conozcan sabrán que dejé de beber esperando acabar un IronMan 70.3, y cuando lo acabé no tenía ganas de volver a hacerlo. Aguanté un año más sin alcohol, y juré beber el día que me apeteciera de corazón.


Ser abstemio no te hace ni mejor ni peor, te otorga cierta perspectiva que el alcohol te quita, y a su vez pierdes ciertos estímulos que el alcohol te da. Creo que como toda droga el alcohol es un medio y nunca un fin, y en esta ocasión quería disfrutar de una cerveza y una copa de vino con mis colegas porque en no mucho estaré a cuatro mil kilómetros de casa.


He vuelto a beber alcohol novecientos ochenta y seis días después, y la cerveza con mis amigos en la profundidad de la sierra de Gredos, ha sabido a una libertad que no sabía que había perdido.


Viernes 13 de mayo de 2022

Robledillo de la Vera

Recuerdos con contexto 273





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