267 - Tardes de videojuegos.

Mi sábado ha sido bastante nostálgico. Hace varias semanas volví a jugar a Resident Evil 4, que para aquellos que no habéis tenido el placer de jugar, es el primer juego que me dejó una espina. Con siete años jugaba a escondidas después de haber conocido su existencia gracias a las revistas del quiosco. Nunca me lo llegué a pasar porque no sabía solucionar varios puzzles, hasta ahora.


En estas semanas de juego esporádico me he dado cuenta de acumular algo más de diez horas. Todavía no he llegado al último tercio del juego, y además de haber envejecido bien, es una maravilla jugar un historia sin tramas complejas. Solo por poner un poco en contexto, mis últimos tres grandes juegos fueron Assassins Creed Black Flag, Far Cry 4 y Zelda Breath of the Wild. Entre los tres supero las mil horas de juego, por lo que volver a jugar a una joya sencilla que no te permite perderte en misiones secundarias es una maravilla.


El juego en sí es una obra de arte, es cierto que el paso de los años hace que ciertas mecánicas estén y, pero en esa limitación de movimientos radica su encanto y dificultad.


Hacia muchos años que no me pasaba un sábado alternando cafés, tenis y videojuegos. Tiene su encanto vivir otra vez como si tuviera diez años, y en esta repentina nostalgia me acuerdo de aquellas noches con mis amigos jugando a zombies o las madrugadas intentando avanzar en el Monster Hunter.


Los videojuegos son un mundo increíble, me alegro de seguir manteniendo mi afición por ellos, y ahora que me toca irme de Madrid, mi Nintendo Switch se viene conmigo.


Sábado 7 mayo de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 267




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