263 - Queremos ser jóvenes.

Es curiosa la tesitura en la que vive mi generación. Una paradoja de constante intriga que deja a todos cuantos conozco algo aturdidos y desanimados. Somos una generación eternamente infantilizada y de la que paradójicamente se espera todo. Se nos trata como niños y se nos exige como adultos.


En esa paradoja se produce una disonancia interna, entre lo que uno percibe de sí mismo y lo que el otro percibe de él. Esto puede aplicarse a todo, sueldo, relaciones, política e incluso en la familia. Y dejadme que os diga que cada vez más a menudo oigo esta misma queja. ¿Por qué me tratan como si fuera un niño?


La juventud ha perdido su significado y elegancia. Ahora solo se puede ser niño o adulto. Y todos los que rondamos la veintena vivimos en tierra de nadie. Hay que reivindicar la figura del joven. Porque precisamente el joven es quien puede arriesgar y equivocarse. Pero de nada sirve hacerlo cuando tus mayores solo ven a un niño con sus niñerías. El joven tiene que existir y sin él estamos condenados a producir generaciones de adultos que jamas pudieron arriesgarse, alimentando así el ciclo en el que vivimos.


No se trata de un tema de responsabilidad, sino de expectativa. Parece ser que no tenemos autonomía. El acierto es fruto de la madurez y el error de la niñería. No mire, perdone usted, no atribuya a su generación el mérito del joven que arriesga y no cargue a los que vienen con el error del mismo.

Queremos ser jóvenes, asumir la responsabilidad del error, y tener la posibilidad de equivocarnos. Porque el joven que no arriesga está condenado a infantilizar a los que están por venir.

Martes 3 de mayo de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 263



5 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo