262 - De mi vida doy lo bueno.

Voy a sincerarme, y puede que estar verdad que aquí traigo no termine de convencer a los que comparten este pequeño gran placer de recordar mi día a día. Es cierto que la Verdad, en mayúscula platónica, no ha de convencer a nadie, y han de ser aquellos que la escuchan los responsables de aceptarla como suya. Así que perdonadme la soberbia, pero aquí traigo una esquirla de mi Verdad.

Este diario es impulsivo, respetando ciertos límites, trato de escribir sin estructurar lo escrito. Me dejó guiar por el teclear de mis dedos y mis ideas frescas . Los párrafos se suceden y las ideas se hilan con mayor o menor sutileza según mi frescura e inspiración diaria. Rara vez intuyo el contenido del recuerdo. Hay días que me gustaría hablar de grandes acontecimientos que derivan en matices de algo distinto, y en esa falta de previsión soy feliz.


Siendo sinceros nunca he sabido planificar lo que voy a escribir. Por eso mis textos suelen ser tan poco homogéneos. La calidad, profundidad y trascendencia varía con mi estado anímico. Y al igual que con mis poemas valoro el momento y no el resultado. Soy consciente de la falta de calidad de muchos recuerdos y poemas, pero para mí la naturalidad lo es todo. Tal vez algún día sepa mantener un nivel constante y decente en mi naturalidad, pero hasta entonces asumo que habrá morralla entre tanto impulso y muy de vez en cuando algo de lo que estar orgulloso.

Hoy mientras paseaba releía mis recuerdos y poemas, y como casi siempre la música me ha susurrado lo anterior. El Pescailla, con su voz aguitarrada baila su Verdad con un “de mi vida doy lo bueno yo tan pobre que otra cosa no puedo dar”. Y tiene razón, porque yo lo poco que puedo dar es lo bueno, y precisamente eso son mis recuerdos. Una naturalidad que aprecio y no quiero perder.

Lunes 2 de mayo de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 262



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