259 - Reflexiones deportivas de un viernes en casa.

La primavera, o mejor dicho el mes de mayo tiene algo que hace especial todo mi año. Mayo es un mes en el que el trabajo de todo un año de deporte comienza a dar sus frutos. Este año mi entrenamiento de bici y carrera ha sido nulo por mi dichosa lesión. Pero con perspectiva creo que nunca había tenido este punto de partida tan bueno para volver a entrenar.


Nunca había llegado a mayo con una relación inversa de peso y músculo tan exagerada. Parece que mi cuerpo comienza a olvidar aquellos casi veinte kilos que perdí en dos mil diecinueve, y por fin está cómodo. Peso lo mismo que el año pasado y toda la ropa me queda grande.


Esta semana he logrado volver a la bici. He decidido centrarme en series de alta intensidad y baja duración. Sufro en el rodillo para recuperar flexibilidad cardíaca, y en un par de semanas espero volver a las largas sesiones de baja intensidad.


En poco menos de dos meses correré mi segundo medio IronMan. Espero llegar con cuatro kilos menos y con un pie medianamente recuperado. La semana que viene empezaré a usar las plantillas para intentar solucionar mi lesión de pie, y parece que si los tiempos se cumplen puedo llegar a Andorra con poco dolor.


Ha sido un año muy peculiar, he hecho muy poco deporte (según mis términos) y sin embargo me siento mejor que nunca. Tal vez algo tenga que ver con mis ayunos de veinte horas que en pocos días cumplen tres años consecutivos. Este año he sido especialmente estricto, y parece ser que la ausencia de desayuno y cena me influye de manera muy positiva.


Me gusta el mes de mayo, el trabajo invernal da sus frutos y uno puede comenzar a organizar los entrenamientos de septiembre. Pero esta vez me toca esperar viendo el florecer de las flores que tanto me gustan. Porque por primera vez en mucho tiempo la incertidumbre ha ganado la batalla a mi orden deportivo.


Viernes 29 abril de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 259



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