256 - Aquel café del año dos mil diecisiete.

No sé muy bien porqué Inés y yo somos amigos. Me cuesta encontrar una razón por la que nos tomamos aquel café de septiembre del dos mil diecisiete, conmigo recién llegado de Vietnam y con ella de las Américas.


En aquel entonces tenía diecinueve, y ella diecisiete. Yo había empezado la carrera de Derecho hacia un año y ella comenzaba su último año de colegio con las miras puestas al otro lado del Canal de la Mancha.


Aquel día recuerdo hablar de todo lo que ha ido plagando las páginas de este diario. Desamor y amistad eran los temas favoritos de unos viajeros que soñaban hacerse mayores. Y como todo en esta vida, el tiempo, imparable amigo, nos ayudó a terminar aquella ilusión cafetera que hoy continúa.


En estos cinco años, con Inés lejos de Madrid, hemos mantenido una amistad cercana. Cada uno en la distancia vivía con cada vez más sensibilidad los matices de una vida que como ella dice, sorprende y enamora. Creo que nunca llegamos a ser muy parecidos, pero podemos disfrutar de las diferencias del otro, y entre tanta diferencia hay similitudes.


Hoy nos hemos tomado un agua con gas, una cerveza y unos chopitos. Nos ha dado tiempo a hablar de amor, que con esta edad es lo único que importa. Ella sabe querer mejor que yo, o al menos en unos términos que yo envidio. Qué amiga tan afortunada tengo, por su vida en tierras inglesas y en especial por esas amistades con tanto matiz que aquí escasean.


Espero poder escribir el día de mañana sobre aquel café de abril de dos mil veintidós. Y espero que sea en una terraza lejos de una ciudad tan cómoda como Madrid.


Martes 26 abril de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 256





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