252 - Decisiones borrosas.

Llevo algo más de una hora delante del ordenador, con la pantalla encendida y la cabeza apagada. El cansancio me susurra que me quiere y mis ganas de escribir cada vez son menores. Podría decir que con cada bostezo las ideas aprovechan y desaparecen. No mentiría si reconociera que escribir con mi cansancio actual es muy similar a una borrachera, Todo se mueve, nada se calla y necesito tocar el suelo de vez en cuando para evitar el mecer de mi cama.

No son ni las tres y siento que son las ocho. Tanto tiempo delante de una idea ha logrado hacerme sentir el paso del tiempo, y puede que hasta estas ideas anden algo más maduras que de costumbre. Me pregunto si los recuerdos perderán la inmediatez y darán paso a la cordura y reflexión. Tal vez en un futuro, hoy por hoy disfruto del diario y su escasa redacción.

En este devenir de ideas vuelve la razón de este recuerdo. La maravillosa diferencia entre lo borroso y lo claro. Aquello que hace tan especial a las decisiones impulsivas y tan acertadas a las meditadas. Porque mi viernes de siesta y manta acabó conmigo en un reencuentro de los amigos de Julia, y mi decisión de meditada no tuvo nada.


La decisiones no dejan de ser como las fotos, solemos valorar las nítidas, las que con cada detalle te complacen, y nos solemos olvidar de que muchas otras veces no hay nada más elegante, divertido y acertado que una foto borrosa. Un recuerdo fruto de una decisión impulsiva, una foto hecha con unas temblorosas manos y la sensación de saber que aunque no haya tanto detalle, tampoco es para tanto.


Viernes 22 de abril de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 252


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