238 - Batallitas escolares.

Me ha costado mucho ponerme a escribir este recuerdo. Y no es por falta de ganas, es más una especie de procrastinación constante. Sé que acabaré escribiendo el recuerdo, pero acabo dejándolo pasar corriendo así el riesgo de no tener ganas de escribir.


Escribo esto en la noche del sábado, sentado en la escalera de la casa de un amigo y con el recuerdo de mi noche de ayer. Es curioso escribir sobre el día anterior en medio del recuerdo del día siguiente. Es complicado no alternar detalles y añadir como he hecho ahora, el inicio de la noche siguiente.


No me quiero quejar más de lo que ya lo he hecho, pero estas últimas semanas arrastro un cansancio constante que tal vez sea fruto de la primavera o del exceso de tiempo que dedico cada noche a mis queridas reflexiones. Y es en ese cansancio donde quería ir a casa de Boli a ver el golf y cenar con calma.


Todos los planes que uno espera suelen cambiar, por lo que os advierto que el viernes no fue muy ajeno a esa idea, y por ello fui engañado y me vi rodeado de las grandes glorias de mi etapa escolar.


En cada reencuentro suelen alternarse las mismas batallitas. Recuerdos de un tiempo que para muchos fue mejor y que para otros solo fue una mera transición. Poniendo en contexto las grandes batallas que acabamos compartiendo, cuesta creer que algunos de nosotros llevemos aguantándonos casi quince años. Un ejercicio de paciencia que se demuestra con anécdotas de resacas y malas borracheras.


Como todos somos nostálgicos pasamos rápidamente a los discursos y brindis de aprecio. Aprovechamos para despedir a nuestra querida Coro, quien el martes hará lo que muchos ansiamos, huir de Madrid los próximos seis meses.


Las batallitas escolares suelen ser un buen recordatorio de lo que eres y de lo que fuiste, y en esa nostalgia compartida uno puede querer a sus amigos.


Viernes 8 de abril de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 238


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