228 - La curiosidad mató al gato.

No sé muy bien que hago escribiendo esto a las doce de la noche. Tal vez sea porque desde hace varias semanas prefiero la evasión que me ofrece este diario antes que el descanso que tanto necesito para seguir el ritmo de mis quehaceres diarios.


Corro el riesgo de acabar haciendo de esto una suma de quejas que poco tienen que ver con mi carácter habitual. Pero siendo sinceros, no sé muy bien que será de mi feliz creatividad si el único rato que tengo son estas palabras diarias con su respectiva foto.


Poca gente sabe, o al menos eso me gusta pensar para hacerme el interesante, que la expresión que da título a este recuerdo nace a finales del XVI en forma de “care killed the cat”, es decir, el excesivo cuidado mató al gato. Algo que si aplico a mi vida no podría estar más de acuerdo.


Los momentos de mayor felicidad han sido aquellos en los que el riesgo y la valiente corazonada han tomado las riendas, dejándose por el camino la prudencia que tanto me pesa. Y puede que deba aplicarlo a todo en esta vida, porque al final del camino, lo seguro no es satisfactorio, o al menos no para mí.

Quiero arriesgarme, no olvidarme que el cuidado excesivo no suele traer bonanza, y recordar a todo el que se cruce en mi camino que el refrán que tanto enarbolan no se popularizó hasta mediados del XIX.


Además, hay que incidir en que la expresión volvió a cambiar, y casi nadie (esta vez si que sí) sabe que hay una continuación al refrán que me hace escribir hoy: “curiosity killed a cat; but satisfaction brought it back”, es decir, “La curiosidad mató a un gato; pero la satisfacción lo trajo de vuelta”.

Ahora me queda lo más difícil, saber cuál es mi curiosidad y cuál mi satisfacción, porque depende del día que me preguntes te diré que mi curiosidad es este diario, aunque cada día que pasa sea mi mayor satisfacción.


Martes 29 de marzo de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 228






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