225 - Un sábado peculiar

Son las cinco de la mañana, y aunque deberían ser las cuatro he decidido no quejarme de un sábado de finales marzo con aires de inicios de agosto.


Para poner un poco en contexto la gesta veraniega de hoy, hay que hablar de mi amiga Julia. Mujer cuyas inquietudes traspasan fronteras, y de ahí el organizar un festival benéfico para la granja de su amigo Sam.


Creo que si uno recorre las páginas de este diario y decide juntar a los asiduos más queridos de mis recuerdos, lograría hacerse una idea de lo que ha sido el festival en el jardín más concurrido de Madrid.


Sería injusto hablar de cada persona que ha estado presente en mi sábado, especialmente porque me quedaría sin espacio, y de lo que se trata es de poder volver aquí y recordar el increíble día que pasé, más que hacer de esto una crónica rosa.


Si tuviera que resumir mi tarde, todo empezaría con la compañía de Pati y una amiga suya psicóloga que estoy convencido se ha llevado un bloc de notas de cada uno de nosotros. Después de unas canciones rítmicas e hipnóticas y varios amagos de bulería acabamos varios en torno a una hoguera. Hablando de lo que uno habla siempre, del amor y otras costumbres.


En ese hablar de romances acabamos gestando una recena a las once de la noche. De esas que son más un prolegómeno de lo que puede ser más de que lo que ha sido. Entre Louz, Viki, Laura y Maza devoramos todo cuanto Glovo pudo traernos a casa.

Ellas empeñadas en desvelar secretos, y nosotros en no contarlos. Acabamos hablando de calcetines, de los conciertos que nos habían hipnotizado y hasta de aquellos amores que una vez fueron y puede que ahora vuelvan a ser.


Y es que los sábados pueden ser peculiares, y aunque uno crea que puede tener connotaciones


Sábado 26 de marzo de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 225




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