224 - Lluvia, fútbol y una encerrona.

Los viernes suelen ser días impredecibles, y esta vez ni si quiera la lluvia y los chalecos amarillos consiguieron quitarme las ganas de salir de casa. Después de comer y los libres de F1 huía de casa dispuesto a tomar un café con Cas y Galvas. Después de varias llamadas de curro y un par de sustos con la moto estaba con ellos en Lateral.


Ellos llevaban ya varios espirituosos y yo con el sueño propio de una mala noche necesitaba por lo menos tres cafés si quería seguir su ritmo de conversación. Hablamos del amor, como casi siempre, unos tanto y otros tan poco. Cada vez llovía más, y mi moto mojada me miraba sin ganas de ir a entrenar.


Cambiado y con las botas puestas me replanteaba mis decisiones, tal vez volver de lesión en el mes más lluvioso no sea lo mejor, pero las ganas de volver a competir superan mi sensatez. Acabé entrenando a un ritmo muy decente, jugamos un partido de cuarenta minutos muy serio, y yo con mis limitaciones físicas volví a ser feliz.


Corrí la banda como carrilero, la derecha. Pegada a los banquillos desde donde Juan y Saúl (mis entrenadores) me corregían y me animaban a dar un poco más. Jadeando acabé de entrenar, con las piernas tiesas y el alma mojada.


Ya en casa pretendía ir a dormir, pero claro, como todo escritor frustrado tuve que acudir a la llamada de Laura, que me prometía vender libros ante un grupo de mujeres que cuando llegué querían de todo menos leer. Teóricamente un colega me iba a dar el apoyo necesario para aguantar a varías veinteañeras con ganas de fiesta, pero una vez más, me equivocaba.


El resto de mujeres bailaba al ritmo de Estopa, y yo, sin sentir las piernas intentaba huir de aquella encerrona en la que acabé hablando una vez más del amor, con Laura a un lado y Clara al otro.


Viernes 25 de marzo de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 224






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