215 - Una ciudad tan triste como su afición.

Llevo algo menos de una hora con The Smiths de fondo, el tiempo suficiente que me ha llevado escribir y puntuar mis cuatro cafés de Manchester. Según dicen por megafonía en menos de veinte minutos deberíamos aterrizar en Londres, y en poco más de una hora debería estar sentado en otro avión rumbo a Madrid.


Escribo esto aunque debería estar currando, sin embargo al Carlos de hace varias horas se le ha olvidado cargar el portátil, y después de dos horas de cola en el aeropuerto peor organizado del mundo no queda batería.


Manchester es una ciudad horrible, no sigue ningún criterio, lo antiguo se mezcla con lo moderno, y ni uno ni otro suele ser bonito. Hay tan poco cohesión que uno cree estar en medio de una partida de los Sims de un niño sin gusto estético.


Lo anterior se complementa con el constante olor a fritanga y aceite de girasol de cada esquina. Ni siquiera la monótona lluvia logra difuminar un olor que se impregna hasta en las ganas de vivir.


La ciudad además de ser fea está llena de gente fea, y creedme que hemos hecho todo lo posible por encontrar a alguien guapo. Los españoles (y en general cualquier Mediterráneo) hemos sido bendecidos con la belleza, y aunque generalizar es odioso, somos mucho más guapos que los que animaron ayer en Old Trafford.


Manchester es una ciudad muy triste, casi tanto como su afición. Por un lado están los que celebran el dinero saudí, y por otro los que con el dinero americano se creen estandartes de un fútbol que hace años ellos mismos ayudaron a que muriera.


Sino me creéis ya lo comprobaréis con alguna de las más de ciento veinte fotos que tengo para revelar. Espero no volver a pisar las calles de esta ciudad más que para ir a la grada del estadio en el que juegue el Atleti.


Miércoles 16 de marzo de 2022

Manchester

Recuerdos con contexto 215




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