214 - Hoy viajamos juntos otra vez.

Sonaba la alarma a las tres y media de la mañana, menos de dos horas de sueño y todo un viaje por delante. Tocaba ir a Barajas, pelearse por un café y subir a un interminable avión rumbo a Ámsterdam desde donde prepararíamos el asalto a la ciudad de Manchester.


El taxista que nos recogió además de ser fan del United nos aseguraba que su mujer había sido niñera del hijo de De Gea, y que tanto él como Edurne eran madridistas convertidos. Acabamos hablando de todo, lo que nos supuso dejarle una propina de cinco libras.


No eran ni las once y tocaba seguir currando con lo empezado en el avión. Con cinco cafés encima las diapositivas de contratos no se iban a rellenar solas, y ni siquiera el ruido de una afición de previa logró despegarnos del portátil. Con el trabajo algo asentado huimos a la Catedral, tocaba ser local, y los policías lo sabían.


La peregrinación rojiblanca comenzó a eso de las seis, una marea roja inundaba Manchester, y escoltados por la policía cantamos y animamos en los cinco kilómetros que nos separaban del estadio.

Noventa minutos, eso es lo que nos separaba de la felicidad de esta locura rojiblanca, y esto es lo que pocos entienden, no había empezado a rodar la pelota y ya éramos campeones. Un estadio inglés enmudecido por los tres mil que con el escudo legítimo llenaban la grada.


Fuimos locales otra vez, y una vez más Diego Pablo Simeone y con su treta de la pizarra volvió a recordar porqué es la persona más importante de nuestra historia.


Martes 15 de marzo de 2022

Manchester

Recuerdos con contexto 214





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