179 - Un pequeño precio.

Escondido en la jungla madrileña tiene mi amiga Blanca un oasis en el que me siento cómodo. Entre árboles y adoquines he pasado muchas horas, más de las que recuerdo.


A veces bromeo con Blanca que el ir a su oasis se ha convertido en una suerte de peregrinación al oráculo que debe ser satisfecha con pequeños sacrificios. Puede ser un libro, algo dulce o un dibujo propio, sin importar lo que se ofrezca al oráculo, resulta barato por el lugar y lo que se vive.


Mi mediodía de hoy, además de una pequeña crisis ha estado marcado por la víspera de uno de los días que más cariño guardo. El nueve de febrero es uno de esos días en los que puedo mirar a mi amiga y decirle sin riesgo de parecer un exagerado todo lo que pienso de ella, sea bueno o malo.


Es por eso, que cuando he llegado al oasis de adoquines no me quedaba otra más que dedicar el libro que llevaba como sacrificio. Lo he ofrecido a los árboles para así disfrutar una vez más de la maravilla que es tomar café al sol con Blanca, más aún si es la víspera de su cumpleaños.


Han sido cuarenta minutos en los que como de costumbre ha puesto palabras a mucho de lo que me ronda la cabeza. Ha entendido mi impotencia por no poder correr, y mis ganas de tomar café más a menudo con cierto recuerdo reciente.


Mañana cumple años Blanca, y aunque ella crea que el libro era su regalo, no era más que un pequeño precio por sentirme, como tantas veces, cómodo con ella.


Martes 8 de febrero de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 179



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