178 - Yo solo quiero volver a correr.

Hace menos de una hora que he llegado a casa, hacía mucho que no sentía esa pesadez de espíritu, un cansancio más allá de lo corporal, un pinchazo en algún lugar profundo que en mi caso solo se curra corriendo, algo que desde hace meses no puedo hacer.


Hace menos de tres años descubrí que en las calles madrileñas a eso de las doce de la noche podía ser feliz. Entre las aceras vaciadas, las calles sin luces de coches y un viento que enfría el calor de la cabeza encontré la paz que muchas veces me falta. Aprendí a calmar esa voz que algunos llaman conciencia.


Permitidme que os advierta que la conciencia, al menos en este caso, es la capacidad de percepción de la realidad, todo aquello que te permite saber que estas vivo. Y como esta vida es mucho más que matices, a veces necesito dejar de recordar que estoy vivo. Para eso sirve correr, para olvidarte de la vida, porque paradójicamente, aunque corriendo te sientas más vivo que nunca, el trance bajo el que recorro Príncipe de Vergara me evade de los estímulos vitales que tan feliz me hacen en otros momentos.


Evadirse de la realidad es necesario, y no porque me sienta incómodo con ella, sino todo lo contrario. Soy tan feliz con la realidad diaria que necesito recordar que se siente alejado de ella. Y para eso necesito volver a correr.

Echo de menos subir Serrano, cruzar la M30 y sentir que las piernas me fallan porque decidí correr más de lo que podía. Hoy me vendría muy bien huir de la conciencia que ahora tengo a mi derecha juzgándome mientras tomo mate y escribo estas líneas.


Necesito recuperar mis noches de carreras, o acabaré llenando estas páginas de excesivas reflexiones de la realidad.

Lunes 7 de febrero de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 178





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