177 - Café de verano

El café veraniego sabe distinto,

a libertad y conciencia libre de amigos,

lo tomo a todas horas, con hielo y limón

me gusta tomarlo solo, sin comida ni ruido.


En mi día suelo tener momentos clave,

el café de las ocho, las nueve y las doce.

Después de comer, si hay sobremesa

otro doble con hielo, de esos que espesan.


Por las tardes destierro el café,

prefiero dormirme pensando en mañana,

saber que me quedan unas horas aciagas,

esperar la mañana y beber con calma.



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