175 - El pincho del BMV

Hay muchas grandes personas de mi día a día que por una cosa u otra no llegan a las páginas de este diario que algún día será libro. Es cierto que aparecer en las páginas de mi día a día no supone ningún honor, ni quiero que se convierta en ello. Lo que sí creo es que muchos de los que llenan estos recuerdos suelen tener en común la facilidad para hacer de lo ordinario algo extraordinario.


Mi día a día laboral está marcado por más o menos las mismas conversaciones. Amigables y sinceras preguntas sobre las aficiones que compartimos y opiniones sobre los problemas que exponemos en el habitual café mañanero. En esta rutina sencilla y maravillosa, hemos incorporado el pincho de tortilla de los viernes. Como un reloj Juan se acerca a proponernos el pincho a los que habitamos la isla principal. Varias miradas y un par de emails después estamos conjurados para acudir al encuentro del sol que ilumina la terraza del bar BMV.


Hace relativamente poco, por una carambola de la vida, el bueno de Miguel empezó a entender pequeños grandes detalles de mi día a día. En nuestras habituales conversaciones de moto y semáforo hemos acabado compartiendo una serie de secretos que nos trasladan a un capítulo de The Office. Ni si quiera formar parte del club del gimnasio a las siete de la mañana nos ha unido tanto como compartir el secreto de una amiga en común.


En el pincho de tortilla de hoy, aprovechando que Juan y Jose habían entrado a pedir, hemos opinado sobre los pequeños grandes secretos que compartimos. En esos cotilleos y en la forma en la que se respetan es donde uno entiende que realmente quien se sienta a su lado ha dejado de ser un compañero de curro y ahora es un amigo.


Vivan los pinchos de tortilla, los secretos de oficina y los cafés indiscretos.


Viernes 4 de febrero de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 175




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