165 - Trabajo y otras drogas.

Escribo esto desde la torre a la que acudo cada día laborable. Realmente mi jornada podría acabar ahora mismo, pero viendo la poca eficiencia de mis últimas horas creo que lo más sensato es volver a casa, preparar un termo de café y aprovechar las horas más valiosas del día, las nocturnas.


Hay algo mágico en esa franja casi intempestiva en la que desde que tengo uso de razón me he sentido cómodo. Nunca fui un noctámbulo, más bien un pobre diablo diurno que disfruta de la tranquilidad y silencio de la madrugada. Y es que han sido muchos los romances a altas horas de la noche, desde exámenes de historia hasta poemas.


Creo que las horas nocturnas son doblemente productivas, uno trabaja sin pelear con el mundanal ruido a la vez que vislumbra la mayor de las recompensas, el abrazo de un edredón que lleva horas susurrándote proposiciones indecentes.


Siempre pensé que el disfrute del trabajo era algo aparentemente idealizado, una especie de canto de sirena para evitar que huyan los recién llegados. Y creo que ahora comienzo a entender el subidón de la responsabilidad adulta.


Existe placer en las noches de tecleo y música, de café y bostezos. Por lo que si algún día publico un libro de mis quehaceres laborales me gustaría imitar los famosos libros anglosajones y llamarlo “deliver on time by night and other drugs”.


Martes 25 de enero de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 165




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