153 - Libros, música y sin ruido.

Después de mucho tiempo moviéndome por Madrid y dejándome llevar por recomendaciones y rumores, he logrado tener una lista de posibles refugios bastante extensa. Aún así, cuando uno se refugia mucho acaba cansándose de lo que ya conoce. En este pretexto acabé ayer en el refugio que me susurró una de mis amigas.


El Carlos de hace varios días olvidó que jugaba el Atleti, pero aún con la idea en la cabeza hizo lo que todo forofo habría hecho, sufrir en la distancia. Me crucé Madrid para llegar al oasis de Plaza Miró. Entre locales cerrados y grafitis marroneros se erige uno de mis nuevos sitios favoritos.


La conversación al ritmo del jazz (y mis preocupaciones por el Atleti) fue tocando todos los temas que no se han de tocar, fue un viaje por tabúes y problemas, un viaje de los que se recuerdan.


En un momento dado nos dimos cuenta que estábamos solos, el dueño había desaparecido, tan solo había música y libros. Puedo decir que en ese escenario tan similar a los bares clandestinos de Lawrence me imagino bebiendo en otra época.


Desgraciadamente, todo lo bueno acaba, cerraron el oasis y tocó peregrinar por una ciudad dormida. Siendo jueves en Madrid no había ruido, salvo el cariñoso “Pites” que se escuchó en la puerta de Mondo al cruzarme con una que forma parte del primer paso del diario, el de julio en Andorra.


Al final nos dieron las tres, y aunque para Calamaro “Son las nueve, yo creí que eran las tres”, nosotros creímos que eran las nueve, y nos dieron las tres.


Jueves 13 de enero de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 153



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