148 - Reflexiones de baño turco.

Madrid tiene recovecos, me atrevería a decir que varias decenas por cada habitante. Uno de esos recovecos se encuentra en la plaza de Santa Ana. Para el mero transeúnte, el olor a cloro y menta es una sorpresa peculiar, para los que conocen el gimnasio Metropolitan de esa misma plaza, no tanto.


Una de mis escasas amistades con las que comparto el amor (u obsesión) por el deporte, y en especial por el culturismo, es mi amigo Jaime. Además de compartir aula en la fascinante carrera de Derecho, tuvimos varias asignaturas en común en nuestro aún más sorprendente paso por el máster. Todo ello amenizado por su amor por el Chelsea y cualquier jugador africano que vistiese la camiseta azul.


Durante nuestro entrenamiento de hoy, además de levantar hierro (realmente son pesas de agua) como si fuéramos a competir contra Cbum, hemos hecho lo que todo transeúnte que huele la menta pensaría en hacer. Huir a los baños termales presididos por bóvedas de ladrillo.


Jaime, al igual que yo, es algo enamoradizo, por eso nuestras habituales disquisiciones sobre el amor y las mujeres de nuestra vida suelen ser tan provechosas. Entre el vapor del baño turco, y la poca claridad habitual de lo sentimental logramos hacernos la mejor pregunta que un joven puede hacerse, ¿merece la pena dejar a tanta persona por el camino?

Sábado 8 de enero de 2022

Madrid

Recuerdos con contexto 148








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