132 - Si yo fuera columnista.

Si fuera columnista y viviera de mis divagaciones diarias, acostumbraría a hilvanar con cierto esmero una temática en torno a los detalles de la amistad. Iría colocando migas de pan en el sendero de mis textos, con la única esperanza de que aquellos que me conocen pudieran recogerlo y llegar a mi.


En esa realidad en la que me codeo con Sostres, Jabois o De Prada, me habría tomado el lujo de apagar la antorcha de la crítica moral y me alzaría como adalid de la crítica empírica. Solo hablaría de mis experiencias y mi opinión se centraría en si aquel joven Carlos tenía razón.


Mi primera columna iría dedicada a explicar la diferencia entre las personas que te regalan un libro y aquellas que te regalan su libro. Tan solo se diferencian en una palabra, pero ambas frases son radicalmente opuestas.


A lo largo de mi vida me han regalado muchos libros, ahora bien, pocas personas me han regalado sus libros, y digo pocas por no decir que solo una. Creo que no hay mayor acto de respeto y cariño que regalar un libro propio a otra persona. Más aún si quien lo regala llena de garabatos las hojas que le han seducido lo suficiente como para compartirlo.


Hoy alguien ha considerado que merezco tener cuatro de sus libros garabateados, con un cariñoso abrazo y un “no abras la bolsa hasta llegar casa” se ha despedido de mí bajo la lluvia. Varias horas después, lo único que soy capaz de decir es que si fuera columnista, alguien que ahora me lee sería mi primera columna.


Jueves 23 de diciembre de 2021

Madrid

Recuerdos con contexto 132





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