129 - Los grandes cafés de mi vida.

No exagero si digo que las grandes conversaciones de mi vida han sido con un café en la mano. Se me ocurren pocos momentos, si es que mi borrosa memoria no me confunde, en los que el café solo doble con hielo no me haya acompañado.

Me decían con cariño hace no mucho, que este diario iba a dejar de ser lo que es, y que iba a mutar en un sucedáneo de late night al que mis amigos vienen a contar sus devenires. A lo que yo, con el paso de los días, me doy cuenta que debería haber respondido otro cariñoso, tranquilo que para eso tengo que tomar café contigo.

Hay muchos momentos para tomar café, desde los de sobremesa hasta los mañaneros e incluso los nocturnos, pero ninguno iguala al de las cinco de la tarde. Es una hora en la que confluyen las sobremesas con los despertares e inicios de la tarde. Es un punto espacio temporal en el que solo se puede entrar con un espresso doble y buena compañía.

Son muchos los cafés a los que guardo especial cariño pero el que ha inspirado este recuerdo fue un café mañanero con sabor a tarde. Jorge y Blanca a cada lado, uno miraba a la lonja, una al puerto de Portitxol, uno trabajaba, una de vacaciones, y yo ahí en medio, saboreando los detalles de un café que llegaba después de una noche en vela.

Qué vida seria la mía sin el café, por lo que si alguna vez te cito en Mayflower o en La Colectiva, sonríe, porque puede que entres en un selecto club, el de los grandes cafés de mi vida.


Lunes 20 de diciembre de 2021

Madrid

Recuerdos con contexto 129





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